Conversaciones con Tom Waits: Keith Richards

En tu disco Rain Dogs (1985) colaboró Keith Richards. Si alguien hubiera espiado por la cerradura de la puerta ¿qué hubiese visto?

Vaya! me había mudado a Nueva York y no podía trabajar con la gente de siempre, quienes seguían en Los Angeles. Recuerdo que alguien me dijo ¿Quien te gustaría que tocase en el disco? Uno cualquiera... Y yo le respondí: Bueno... Keith Richards. Resulta que soy muy, muy fan de los Rolling Stones. Y entonces me dicen: bueno, ahora mismo lo llamamos. Y yo: no, por Dios, no lo llames, era broma....

Al cabo de dos semanas Keith me mandó un mensaje: La espera ha terminado. Tiempo de bailar. Keith. Y entonces llegó él con su ayudante, y traían como setecientas guitarras y trescientos amplificadores. Y yo que pienso My God... ¿que si me intimidó? Absolutamente.

¿No te tentó volver a darle a la botella?

Lo que pasa es que no se le puede seguir el ritmo a Keith: él es de otra calaña. No lo comprendí hasta que no conocí a su padre. Su padre era una especie de Popeye: fumaba en una pipa de mazorca de maíz seca... ¡Hubieras visto cómo guiñaba el ojo! Por mi parte, yo trataba de no sentirme intimidado, pero la verdad es que estaba muy nervioso.

Igual, Keith es un tipo normal, un caballero. Lo pasamos muy bien. A él lo que le gusta es tocar. Es como un trovador. Es el que toca a las cuatro de la madrugada, el que toca hasta que no queda una sola gota en las botellas, hasta que no sabe más canciones. Es el que toca hasta que alguien apaga las luces y le pide que se vaya...

 

(Para estas conversaciones me he basado en diversas entrevistas que he leído ó presenciado. El tema Keith Richards aparece en una nota que Sylvie Simmons publicó en la revista Mojo. La traducción es mía)

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