RITMO
Si se pudiera cantar cualquier cosa, todo, siguiendo las pautas normales del rock and roll -acordes do, la menor, fa, sol- todo sería muy sencillo. El mejor solo de batería que he escuchado en mi vida fue el del golpeteo de un pedazo de tela alquitranada que batía contra el techo de mi coche cuando iba a ciento veinte. A continuación está el de los limpiaparabrisas cuando llueve, pero es más abstracto, menos animal. Como el ritmo de un conejo rascándose el mentón. Hay ritmos visuales muy elegantes, como los del picado de un halcón o de la zambullida de un cisne. Los ritmos espaciados de la cámara lenta. Los ritmos de excavación, como los de las palas, los azadones, los rastrillos y las máquinas quitanieves. Comparándolos con el ritmo de los martillos neumáticos, Ginger Baker y Keith Moon parecen un par de bobales. Ritmos de aceitera, ritmos de rueda de trinquete. Naipes en los radios de las bicicletas. Una serie de ritmos de tableteo rápido, de petardos sucesivos. Ritmos de hélice. Ritmos de grillo. Uñas de perro rascando pisos de tablas. Relojes. Ritmos de pistón. Grifos goteantes. Hojalata contra hojalata agitada por el viento. Agua cayendo sobre rocas. Carne contra carne. Ritmos de boxeo. Ritmos de carreras. Torrentes veloces. Zumbido de electricidad estática en una radio de coche cuando el motor se convierte en la autoridad suprema. Señales intermitentes de giro. Luces de neón que se encienden y se apagan. Flechas amarillas parpadeantes. Bombas de agua. Murmullos de nevera. Sistemas de calefacción con termostato. Ascensores en los que se van encendiendo y apagando los números de los pisos. Serpientes reptando por la hierba. Cualquier animal que avance por la hierba. Por la noche. Luces de boyas. Señales de barcos. Señales de aeropuertos. Alarmas de incendios. Ritmos de la bocina atascada de un coche. Ritmos del comer. Ritmos del masticar. El rumiar de las vacas. El bocezar de los caballos. El afilado de cuchillos. Las sierras mecánicas. Los serruchos. Las sierras de metal. Cualquier ritmo de sierra. Martillos y clavos. Tintineo de monedas en una partida de póker. Naipes barajados. Torniquetes de autobús. Taxímetros. Ritmos del agua hirviendo. Bolígrafos que al abrirse hacen click. Ranas metálicas de resorte. Ritmos del giro de las ruedas de la ruleta. Ritmos de neumáticos. Ritmos de navajas rebajando un palo. Ritmo del coser. Mecanografía. Ruiditos de las agujas de hacer calceta. Loros afilándose el pico contra un pedazo de madera. Gallinas rascándose. Perros excavando agujeros en busca de topos. Pájaros limpiándose las plumas. Pistolas amartilladas. Recámaras de revólver girando. Cerrojos girando. Palancas. Uñas al partirse. Chasquido de los dedos. Chasquido de los nudillos. Huesos que se rompen. Pedos. Escupitajos. Cagadas. Ritmos del follar. Parpadeos. Sonarse las narices. Toses incontrolables. Ritmo del temblor de la llama de las velas. Casas que crujen. Hielo derritiéndose. ¿ Y dices que eres un batería?
Sam Shepard. Luna Halcón. Editorial Anagrama, 1986

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