Conocí a un guitarrista que decía que la radio era su amiga. Se sentía emparentado no tanto con la música como con la voz de la radio. Su carácter sintético. Su voz, que no había que confundir con las voces que salían de ella. Su capacidad para transmtir la ilusión de personas a grandes distancias. Dormía con la radio. Creía en un Lejano País de la Radio. Cría que jamás encontraría ese país, de modo que se conformaba con limitarse a escucharlo. Creía que había sido explusado del País de la Radio y estaba condenado a rondar eternamente por las ondas, buscando una emisora mágica que le devolvería la herencia perdida.
22/12/1979
Homestead Valley, Ca
Sam Shepard, Crónicas de motel, Ed. Anagrama, 1989

la jose